Casi toda la planificación fiscal que se vende en el mercado llega tarde. Se contrata en marzo, cuando el ejercicio ya cerró y lo único que queda es elegir cómo presentar lo que ya ocurrió. Eso no es planificar: es acomodar.
Planificar es decidir antes. Antes de firmar el contrato, antes de repartir el dividendo, antes de comprar el activo, antes de entrar al régimen. Cuando la operación todavía no existe, la decisión es libre. Cuando ya existe, solo se puede documentar.
La prueba que aplicamos a cada decisión
Un ahorro que no resiste una fiscalización no es un ahorro: es un pasivo con fecha. Se cobra dos o tres años después, con recargos, y para entonces quien lo recomendó rara vez sigue en la conversación.
Por eso cada posición que proponemos se somete a una sola pregunta, que es la misma que haría quien la revise: ¿qué documento la sostiene, y está ese documento en el expediente hoy? Si la respuesta es que habría que construirlo después, la posición no se recomienda.
Quien dirige esta firma pasó años construyendo expedientes de fiscalización desde el otro lado del escritorio. No es una credencial de biografía: es el criterio con el que se revisa cada posición antes de proponerla.
Qué se decide con tiempo
- El régimen. Cuándo conviene el Régimen Simplificado de Tributación y cuándo sale más caro que el ordinario — lo hemos publicado con los números: No dejemos morir el RST.
- La forma de remunerar al socio. Salario, dividendo o una combinación, y qué obligación activa cada camino.
- El momento de reconocer ingresos y gastos, y qué soporte exige cada partida para que sea deducible sin discusión.
- Los activos: compra, arrendamiento o financiamiento, con su efecto en depreciación, en el impuesto a los activos y en el flujo.
- Las operaciones entre partes relacionadas y la obligación informativa que activan antes de que el plazo empiece a correr.
- Los regímenes de incentivos vigentes —zona franca, turismo, energías renovables— y qué requisito formal pone en riesgo el beneficio.
- Una operación puntual de tamaño relevante: una venta de activo, una reestructuración de deuda, la entrada de un socio. Se revisa antes de ejecutarla, no en el cierre.
Por qué esto solo funciona con la contabilidad al lado
Una posición fiscal se sostiene con registros, no con opiniones. Cuando el equipo que planifica es el mismo que registra y el mismo que responderá si la Administración pregunta, el soporte se identifica en el momento en que la operación ocurre.
Lo hemos escrito en extenso: Contabilidad y fiscalidad, la urgencia de una integración estratégica.
Lo que no hacemos
No prometemos ahorro. No podemos anticipar cuánto pagará usted, y quien le dé una cifra antes de ver su operación le está vendiendo otra cosa.
No recomendamos posiciones que no podríamos defender. Si la única forma de sostener un tratamiento es que nadie lo revise, se lo decimos con esas palabras y no se propone.
Y si revisamos su operación y no hay nada que mejorar, también se lo decimos. Es el mismo compromiso que gobierna el resto del trabajo de la firma.
Si la posición se cuestiona después
La responde el mismo equipo que la propuso, con el expediente que armó cuando la propuso. Los plazos y el procedimiento están aquí: Defensa ante una fiscalización de la DGII.
Qué necesitamos para empezar
- Las dos últimas declaraciones anuales y los estados financieros que las acompañan.
- La decisión que tiene por delante, si hay una concreta, y su calendario real.
- Quién decide y con qué plazo. Una planificación que llega después de la firma es un informe, no un plan.
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